Por Xóchitl Contreras
Ciudad de México.- En el escenario artístico de Baja California, Amaya destaca como un creador que ha decidido retornar a lo esencial.
Originario de Ensenada y radicado en Playas de Rosarito, ha desarrollado un lenguaje visual único donde la pintura y la escultura no solo representan la realidad, sino que emanan directamente de la naturaleza.
Lo que define y empodera el arte de Amaya es su extraordinaria capacidad para transformar materiales cotidianos y ancestrales en piezas de una sofisticación contemporánea. Su técnica pictórica es un testimonio de experimentación y respeto por la materia.
Este prestigiado creador, diestro en todas las técnicas del arte plástico, ha utilizado materiales orgánicos como el café, no solo como un recurso cromático, sino como un elemento que aporta calidez, historia y una pátina orgánica a sus lienzos. Sus veladuras logran tonalidades sepia y texturas que evocan la memoria y el paso del tiempo.
La incorporación del barro en su pintura rompe la bidimensionalidad tradicional. Este material aporta una densidad mineral y una fuerza telúrica que conecta su obra con las raíces más profundas de la tierra mexicana.
Como escultor, Amaya extiende su visión al espacio tridimensional. Sus piezas escultóricas son una extensión de su filosofía pictórica: la búsqueda de la forma pura a través de la materia bruta. En sus manos, los materiales cobran una vida nueva, transformándose en figuras que parecen haber emergido de un proceso geológico, capturando la fuerza y la serenidad del entorno bajacaliforniano.
Su presencia en Rosarito ha sido vital para el fortalecimiento de la comunidad creativa. Amaya representa al artista-investigador, aquel que no se conforma con los materiales convencionales y busca constantemente nuevas formas de expresión. Su obra es un puente entre la tradición de los materiales naturales y la vanguardia estética, consolidándolo como uno de los pilares de la identidad artística del noroeste.
Amaya no solo pinta o esculpe; él dialoga con los elementos. Al utilizar el café y el barro, nos recuerda que el arte más poderoso es aquel que nace de la tierra misma, transformando lo sencillo en algo profundamente sublime.
Su legado es una invitación a redescubrir nuestra conexión con lo orgánico, demostrando que la verdadera innovación artística reside en la autenticidad de los materiales y la honestidad del creador.





















