VAL RA: CRONISTA VISUAL DE LA CONDICIÓN HUMANA

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Por Xóchitl Contreras Leal

Tijuana.- El norte de México no solo se habita; se lleva en la piel, en el contraste de sus paisajes y en la complejidad de sus tránsitos. En ese escenario de luces intensas y sombras profundas, la producción plástica del mexicalense Ángel Alfonso Valenzuela Ramos «Val Ra», emerge como una de las propuestas estéticas más sólidas y profundas de Baja California. Con una trayectoria que supera el medio siglo, su obra no busca el adorno ni la complacencia; es un testimonio visual y conceptual de la psique, la resistencia y la condición humana universal.

Antes de sumergirse por completo en el lenguaje de la abstracción, la obra de Val Ra estuvo marcada por una figuración expresionista de gran fuerza psicológica. El artista utilizaba el cuerpo y el rostro humano no desde una perspectiva anatómica tradicional, sino como contenedores de emociones complejas como la melancolía, la dualidad y el aislamiento.

El punto culminante de esta etapa llegó en 1969, apenas tres años después de haberse asentado en Tijuana. Impulsado por un afán romántico, como el ha dicho en sus entrevistas, dio vida a un imponente retrato de Don Quijote que lo catapultó a las ligas mayores del arte nacional al convertirse en la portada de aniversario de la prestigiosa revista Siempre!. Colocar una pieza en ese espacio equivalía en la época a ganar la bienal más importante de América Latina, compartiendo honor histórico con maestros de la talla de Rufino Tamayo o Rafael Coronel. Esta obra demostró su temprano dominio del dibujo, el retrato y la carga dramática de la línea.

El verdadero punto de inflexión conceptual en su obra ocurrió durante su estancia formativa en Francia. En un circuito europeo que exigía a los creadores latinoamericanos un «exotismo predecible», donde los críticos le sugerían textualmente pintarse «unos nopales por carrilleras» para vender una identidad folclórica, este creador tomó una postura radical.

Rechazó los clichés pintorescos y las fórmulas fáciles del nacionalismo artístico para abrazar una pintura contemporánea y abstracta de carácter estrictamente universal. A partir de ese momento, su obra dejó de describir el entorno exterior para empezar a traducir las fuerzas invisibles de la conciencia.

La pintura abstracta de Val Ra, lejos de ser un arrebato caótico o una simple explosión de color en el lienzo, posee una estructura interna sumamente rigurosa y matemática. Quienes se adentran en el análisis de sus composiciones descubren un manejo impecable y casi instintivo de la ley áurea y las proporciones armónicas. El artista construye el espacio pictórico a través de un sofisticado sistema de triángulos que se superponen, proyectándose y alejándose hacia el fondo del plano para guiar de manera rítmica el ojo del espectador. Mediante estos vértices y vectores geométricos, la obra rompe con cualquier estatismo y adquiere un desplazamiento continuo, una suerte de mecánica de fluidos donde la mirada nunca se detiene,.

A esta precisión matemática se suma la singular piel de su propuesta plástica, caracterizada por una densidad táctil inconfundible. Las capas superpuestas, los relieves y las raspaduras de la pintura funcionan como una poderosa metáfora del paisaje del norte. Aunque la obra renuncia a la representación literal de las cosas, la aspereza del adobe, la aridez del desierto y el desgaste propio de la urbe fronteriza quedan impresos en la materia misma del cuadro, demostrando que la abstracción en su madurez no nos aleja del entorno, sino que lo condensa y lo vuelve universal.

Uno de los aspectos más fascinantes de la obra madura de Val Ra es cómo nace el cuadro. El artista confiesa que inicia el lienzo en blanco sin una sola idea o imagen predeterminada. En lugar de planificar, permite que las vivencias, la memoria y las imágenes que flotan en su conciencia fluyan de manera orgánica sobre el soporte.

A este método lo denomina «el control del azar o el azar del control». Es el equivalente pictórico a una sesión de jazz: una improvisación libre pero ejecutada por alguien que posee un oficio técnico extraordinario, donde cada mancha y cada línea caen exactamente donde el balance de la obra lo exige.

La obra de Val Ra es un testimonio imprescindible para comprender la madurez de la plástica contemporánea en el norte de México. Al despojar a sus lienzos de lo accesorio y lo meramente decorativo, su pintura abstracta logra lo que solo el gran arte consigue: convertir las cicatrices, las luces y la densidad de una región fronteriza en un lenguaje que dialoga de tú a tú con el resto del mundo.